En las últimas 48 horas, en Tuxtla Gutiérrez, presuntos normalistas acompañados de integrantes de una organización campesina independiente, han realizado movilizaciones de protesta muy parecidas a las que durante cuatro meses llevaron a cabo los maestros de la CNTE.
Tomaron las oficinas de la secretaría de educación del estado y la subsecretaría de educación federalizada, obligando a que el personal suspendiera actividades y fuera evacuado de emergencia.
Cubriéndose el rostro para ocultar su identidad, también secuestraron autobuses del Conejobús y lanzaron cohetones.
Sus demandas principales: pago de becas, rechazo al despido de profesores y abrogación de la reforma educativa.
Mientras que en Michoacán por acciones similares, 49 normalistas fueron detenidos durante un operativo por parte de las fuerzas de seguridad de aquel estado, y rescataron autobuses y camionetas que habían secuestrado los futuros maestros.
La CNTE, de inmediato hizo un pronunciamiento de rechazo a la captura de los estudiantes y calificó de represivas a las autoridades.
Lo que pasa es que siguen las acciones perversas de esta organización que no quiere dar su brazo a torcer, porque a la aplicación del estado de derecho le llama represión, mientras que al vandalismo que ellos cometen, no se le encuentra nombre, porque siguen afectando a terceros que nada tienen que ver con sus demandas e inconformidades.
Lo plausible y lo lamentable: en Michoacán, por lo menos, se está aplicando la ley, pero aquí Chiapas, seguimos en espera de que alguna autoridad se digne en hacer que se recupere la tranquilidad que todos merecemos, y que ya, ¡por favor! Se nos deje trabajar en paz…
Hasta el siguiente comentario.