En el parque de la juventud se vibró con una descarga de energía que dejó claro que el rock en Chiapas no es un eco del pasado, sino una escena viva que late con fuerza propia.
Viernes de Rock no fue solo un concierto, fue una declaración: en Tuxtla hay talento, hay propuestas originales y hay bandas listas para conquistar escenarios más grandes. Impulsado por Instituto de Arte y Cultura, este espacio se ha convertido en una vitrina para que agrupaciones emergentes puedan salir del ensayo al reflector, del garage al aplauso colectivo.
Bandas como Bunny Cake demostraron que la calidad no necesita salir del estado para brillar. Con sonido potente y presencia escénica, conectaron con un público que respondió coreando, saltando y apropiándose del momento. Porque cuando el talento local encuentra escenario, la ciudad entera se transforma en cómplice.
Más que música, este tipo de eventos construyen comunidad. Le recuerdan a cada joven músico que sí hay oportunidades, que sí existen espacios para mostrarse y que el rock chiapaneco tiene identidad propia. Apoyar estos encuentros es apostar por una generación que compone, crea y resiste a través de acordes eléctricos.
El mensaje quedó claro: el rock no solo se escucha… se respalda.
Informa: Víctor Pérez