En el campo chiapaneco, producir no es el único reto. Mientras cientos de agricultores buscan mejorar sus técnicas y obtener productos de mayor calidad, también enfrentan dificultades para conseguir insumos y, en algunos casos, deben vender su producción a precios que no corresponden con el esfuerzo realizado.
Una de las estrategias para fortalecer a los productores son las Escuelas de Campo, espacios donde agricultores reciben acompañamiento técnico y aprenden directamente sobre las prácticas que pueden aplicar en sus parcelas.
El objetivo no solamente es producir más, sino también que los agricultores conozcan nuevas herramientas, mejoren sus procesos y aprendan a administrar sus actividades productivas.
El problema es que, aunque los productores han mejorado sus prácticas y muestran un mayor desempeño en sus parcelas, esto no siempre se refleja en sus ingresos.
Ante este escenario, los encuentros y eventos del sector también representan una oportunidad para que los agricultores puedan mostrar directamente el resultado de su trabajo y dar a conocer sus productos.
La dimensión de este modelo también alcanza otras regiones del país. De acuerdo con el entrevistado, son más de 4 mil Escuelas de Campo las que participan a nivel nacional, lo que refleja la importancia que ha tomado este esquema de capacitación para los productores.
Más allá de enseñar a sembrar o mejorar una cosecha, las Escuelas de Campo buscan que los agricultores tengan mayores herramientas para enfrentar los problemas que existen alrededor de la producción: desde conseguir insumos hasta encontrar mejores condiciones para comercializar.
El reto ahora es que ese conocimiento y esfuerzo puedan convertirse también en mejores ingresos para quienes trabajan la tierra, porque mejorar la producción pierde parte de su impacto cuando el productor sigue recibiendo precios bajos por lo que cosecha.
Notinúcleo / Víctor Pérez