Cada vez más mujeres de comunidades de bajos recursos en Chiapas recurren al implante subdérmico para prevenir embarazos, aunque su uso todavía está marcado por diferencias en la edad y el nivel educativo, revela un estudio publicado en la revista científica PLOS One.
La investigación documentó que la utilización de este método pasó de 2.3 a 6.7 por ciento entre mujeres casadas o en unión de municipios atendidos por la Iniciativa Salud Mesoamérica.
El implante consiste en una pequeña varilla flexible que se coloca debajo de la piel del brazo y ofrece protección contra el embarazo durante tres a cinco años. Puede retirarse en cualquier momento y la fertilidad suele regresar poco después.
En las comunidades estudiadas, las mujeres de 20 a 29 años fueron quienes más lo utilizaron: 12.9 por ciento contaba con este método en 2018, mientras que entre las de 40 a 49 años la proporción fue de apenas 1.1 por ciento. En adolescentes de 15 a 19 años alcanzó 7.2 por ciento.
El acceso también mostró diferencias relacionadas con la educación. El uso llegó a 8 por ciento entre quienes podían leer sin dificultad, frente a 3.4 por ciento entre las mujeres que no sabían leer.
Los investigadores identificaron que, en Chiapas, el implante también comenzó a ser elegido por mujeres que anteriormente no utilizaban ningún método anticonceptivo, un cambio que apunta a la importancia de ampliar las opciones de planificación familiar.
La investigación concluye que persisten barreras sociales, culturales y relacionadas con los servicios de salud que limitan el acceso equitativo a los métodos anticonceptivos, por lo que plantea la necesidad de fortalecer la atención para que más mujeres puedan decidir sobre su salud reproductiva.
Notinúcleo / Issa Maldonado