Gustavo Rentería
Entregar agua turbia, maloliente y cargada de contaminantes y metales pesados a millones de jaliscienses es inadmisible. El acceso al vital líquido es un derecho humano, no un favor de la autoridad.
El gobernador naranja, apenas el 6 de octubre admitió una grave crisis y atribuyó el problema a descargas irregulares en la presa de Las Pintas.
La respuesta de dejar de usarla, tandeos por al menos seis meses y una iniciativa de acueducto sustituto, es una ofensa. Demasiado poco y demasiado tarde para los ciudadanos. La gente ya no bebe del grifo, tienen que comprar garrafones y se baña con la boca cerrada. Las universidades, las redes y los medios documentaron la molestia y en las calles se palpa el terrible enojo.
El 11 de octubre, entre 10 y 20 mil personas marcharon de La Minerva a Casa Jalisco. La protesta, mayormente pacífica, terminó en gas lacrimógeno, chorros de agua a presión, 39 detenidos y 28 policías heridos (dos de gravedad). Lemus culpó a un “grupo de choque” de 400 encapuchados; después, tras revisar videos, admitió excesos, uso indebido de la fuerza y detenciones injustas y ordenó liberar a todos. Sheinbaum condenó la represión. Las vallas metálicas y el despliegue policial fueron proporcionales al enojo ciudadano acumulado durante meses.
Ayer se registró la segunda megamarcha. Grupos encapuchados lanzaron petardos, artefactos explosivos y bombas molotov. Incendiaron la puerta del Congreso de Jalisco y dañaron el Palacio de Gobierno.
Y la imagen del hombre vestido de negro, con casco, trepando la fachada de las oficinas donde despacha Lemus son virales en las redes sociales. No es cosa menor. Este sábado en París, protestas por el costo de vida derivaron en disturbios masivos, con casi 2 mil detenidos, saqueos e incendios cerca del Elíseo. El descontento, cuando se desprecia, se radicaliza.
La crisis ya derivó en la solicitud ciudadana de revocación del mandato de Lemus. Legalmente, en Jalisco sólo puede pedirse en los primeros 120 días de la segunda mitad del periodo (a partir de diciembre de 2027) y exige umbrales altos: firmas de 3% de la lista nominal y más votos revocatorios que los 1.6 millones con los que ganó. Aun así, la demanda es real y simbólica. Aunque no está en juego la gubernatura, sí lo están las diputaciones federales, la renovación del Congreso local y todas las presidencias municipales en 2027.
Movimiento Ciudadano -el partido de Dante Delgado- enfrenta una de sus crisis más graves, y puede contaminar incluso a Nuevo León, donde sí se disputa la gubernatura.
Lemus es hábil, pero la gente está muy enojada. El agua sucia no se limpia con comunicados ni con el anuncio de obras futuras. Exige soluciones inmediatas, transparencia sobre la calidad del vital líquido y rendición de cuentas por la represión. Si el enojo sigue creciendo, el costo político será muy alto. El agua está sucia y está convirtiéndose en el elemento que puede ahogar a un gobierno.
*Publicado en el periódico El Heraldo de México