Nada queda del Cañón del Sumidero de los años cincuenta cuando por primera vez fue explorado por un grupo de audaces chiapanecos conocidos como “pañuelo rojo” cuyo aniversario de esa gesta se conmemoró la semana pasada…
En aquellos años, cuando aún no se construía la presa Chicoasén, el cauce del río solo se podía admirar por tierra y aunque la carretera era de terracería, los miradores rústicos y hasta cierto puntos peligrosos, el visitante quedaba maravillado de la basta naturaleza que le rodeaba y de la profundidad del Grijalva
Hoy en día, los accesos son de camino asfaltado y ya no hay barandales de madera en los miradores, sino que son de concreto y más seguros
Por agua se puede recorrer el río partiendo del malecón de Chiapa de Corzo hasta llegar a la cortina de la presa. Este recorrido da la oportunidad de apreciar desde el afluente las paredes impresionantes de ambos lados que dejan extasiados a propios y extraños…
Sin embargo, todos sabemos que en aras del progreso, a partir de la construcción de la presa, el crecimiento poblacional y sobre todo el descuido de las autoridades y la falta de conciencia de unos cuantos, ha hecho del cañón del sumidero un atractivo turístico con problemas de contaminación con aguas negras y basura que procede de varios municipios que se ubican en las riberas de los afluentes que desembocan y dan vida al Grijalva
Y no se diga de la deforestación y de las invasiones, y nos referimos no solo al río, sino a todo el parque nacional que fue declarado por el gobierno federal como reserva natural en los años ochenta…
El Cañón del Sumidero ha dejado de ser el recorrido turístico romántico del siglo pasado, para ser hoy lo que es: territorio de cazadores furtivos, taladores de bosques e invasores, que hacen de estas actividades ilícitas, negocio redondo, mientras las autoridades ¡bien gracias!
Hasta el siguiente comentario…