Todas las voces están desgastadas.
Son como gritos en el desierto.
O como ecos que se repiten y se pierden en el vacío.
Lo que cuentan son los hechos.
De la CNTE ya se comprobó que cumple sus amenazas.
De las autoridades no.
En esa pequeña diferencia estriba el problema.
Miles de niños y jóvenes sin clases.
De nada sirven las cifras:
Que el 60 por ciento de las escuelas están abiertas y las restantes están cerradas, o viceversa… lo mismo da.
Lo que sí es innegable, es que se está violando flagrantemente nuestra constitución.
El artículo tercero establece que “toda persona tiene derecho a recibir educación, laica y gratuita”.
La fracción vi, sin embargo, señala que “los particulares podrán impartir educación en todos sus tipos y modalidades”.
Hoy, las escuelas privadas, están haciendo su agosto, en pleno agosto.
Nada menos que el conflicto magisterial está propiciando que la gratuidad no se cumpla y está fomentando la educación privada de la que dicen estar en contra.
Las autoridades educativas lo han corroborado. Con cinismo e irresponsabilidad, han declarado que “miles de alumnos de escuelas públicas están emigrando a los colegios de paga”.
Tal parece que están complacidas de que así sea. Si no fuera así, ya hubiesen hecho algo.
¡Qué desvergüenza!
¡Ya ni la burla perdonan!