Pese a que este año se han presentado muchas lluvias, en años anteriores las olas de calor cada vez más intensas han afectado la producción sobre todo de maíz, plátano y café, ya que impacta la floración, el desarrollo del fruto, la polinización y los ciclos de producción, señaló Bulmaro Morales Vázquez, profesor e investigador de la Facultad Maya de Estudios Agropecuarios de la Unach.
“Es indiscutible el efecto que causan aquí en nuestro campo chiapaneco, de que se modifican los ciclos, ya sea que se retrasan las cosechas o a veces se adelantan, pero esto perjudica en cuanto a la producción, en años pasados, en 2025 se menciona que hubo pérdidas de más del 50 por ciento en el cultivo del maíz, aquí en nuestro estado disminuyó la producción debido a olas de calor, que van indirectamente con sequías, que van a veces estas olas de calor promueven los incendios también forestales, todo esto va afectando la producción de nuestros agricultores y que tengan pérdidas”
El calor y la sequía suelen estresar a la planta y disminuir su rendimiento, ocasionando plagas y enfermedades, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura considera que más de 500 mil horas de empleo se ven afectadas por este factor.
El especialista añadió que este año, en ciertas regiones se retrasó la siembra por el calor, además, se prevé que el café se vea afectado por la modificación de temperaturas, pegando en diferentes áreas como el Soconusco.
“Estas olas de calor tal vez sean inevitables, pero tener en consideración que aunque impactan tanto en la parte ambiental, la parte social de salud, la parte agrícola, todo está relacionado, si nos afecta en la parte ambiental nos afecta en la parte agrícola, eso afecta nuestra economía, afecta nuestra parte social, el desarrollo de las familias que dependen de los cultivos, por lo tanto es algo que hay que darle la importancia y hay que realizar prácticas para poder mitigar estos efectos negativos que tienen estas olas de calor y sobre todo cuidar nuestro medio ambiente”
Notinúcleo / Alejandra Orozco Ardines