Lo que comienza como una botella, una bolsa o un envase que termina en el ambiente puede convertirse con el paso del tiempo en partículas prácticamente invisibles. Son los microplásticos, fragmentos menores a cinco milímetros que ya están presentes en distintos ecosistemas y que pueden incorporarse a las cadenas alimenticias, señalan expertos.
El problema comienza cuando estas partículas son consumidas por organismos pequeños y filtradores. Posteriormente pueden pasar a peces, moluscos y otros animales, avanzando dentro de la cadena alimenticia hasta llegar a especies de mayor tamaño.
Pero el riesgo no termina en la ingestión. Algunas partículas pueden permanecer dentro de los organismos y, de acuerdo con el especialista, incluso llegar al torrente sanguíneo y alojarse en determinados órganos.
Además, los microplásticos pueden actuar como vehículos para otras sustancias contaminantes, entre ellas sustancias tóxicas y metales pesados, que pueden incorporarse al organismo junto con las partículas.
Y el problema también está presente en Chiapas. Investigaciones realizadas por instituciones académicas del estado han identificado microplásticos en algunas especies, mientras que en la zona conocida como Mar Muerto, entre Oaxaca y Chiapas, también se han reportado partículas de plástico.
Retirar estas partículas una vez que llegan al ambiente representa un enorme desafío. Por ello, especialistas advierten que el problema debe atenderse desde la prevención y el cambio en los hábitos de consumo.
De continuar su acumulación, las consecuencias podrían alcanzar a las propias cadenas tróficas, provocando alteraciones en las poblaciones de distintas especies y afectando el equilibrio de los ecosistemas.
Ante este escenario, las acciones también pueden comenzar desde casa: reducir el consumo de plásticos de un solo uso y sustituir algunos utensilios de plástico por materiales como vidrio o acero inoxidable.
El llamado es a reducir desde ahora la cantidad de plástico que llega al ambiente. Porque, aunque los microplásticos pueden ser prácticamente imperceptibles a simple vista, su acumulación representa una amenaza que puede recorrer ríos, mares y cadenas alimenticias.
Notinúcleo / Víctor Pérez