Cuando un miembro de la familia se enferma, lo resiente toda la familia, no solo en el ánimo, sino también en cuanto a recursos para sacarlo adelante, sobre todo cuando se trata de niños y niñas. Al Hospital de Especialidades Pediátricas acuden cientos de pacientes de otros municipios y estados, muchos de bajos recursos y de lugares lejanos, que no pueden costear una estancia larga en la capital… es por ello que han optado por establecerse en campamentos hechizos a los alrededores de este centro hospitalario, para estar pendientes de la recuperación de sus pacientes. Yordi López es originario de El Triunfo, municipio de La Independencia, a cuatro horas de la capital, su hijo nació hace un mes con onfalocele, condición con la que los órganos del abdomen brotan fuera del cuerpo, por lo que a los cinco días de nacido tuvieron que operarlo y llevan ya un mes viviendo frente al hospital.
“La parte del día sí, tenemos una conocida que nos da un hospedaje en la noche, todo el día lo pasamos aquí, vamos a dormir y temprano nos venimos de regreso… se tiene que acostumbrar uno, es más por necesidad, donde vivimos nosotros es tierra muy fría y aquí es tierra muy caliente, por el amor a un hijo se hace lo que sea, mientras él esté bien nosotros también”.
Una casa de campaña de lona que les dejó otra familia es su refugio, pero también su encierro bajo el sol y las altas temperaturas, pero poco importa todo esto a comparación de su fe para que pronto se vayan con bien a casa.
“Yo pienso que la salud del niño depende mucho de cómo esté uno aquí afuera, si nos dan una mala noticia nosotros también estamos mal, pero al saber que está mejor, sea como sea que estemos aquí nosotros estamos bien”.
Marina Ortiz, vino desde Reforma, en Frontera Comalapa, porque a su nieta hace un mes le diagnosticaron leucemia, hasta ahora sigue en tratamiento, por lo que establecieron una casa de campaña adecuada con colchón, estufa e incluso luz eléctrica, donde la familia se ha unido por velar para su pronta recuperación.
“Venimos y dijeron que nos íbamos a quedar, ya luego compró mi hijo una lona, como estaba lloviendo por eso trato de comprar una para que no nos mojáramos, ya cuando se venía con mucho aire la lluvia le cerrábamos ahí, como viene la familia a visitar, si empezaba a llover ahí nos encerrábamos todos juntos… ahora el calor, por eso salimos aquí, ponemos nuestra mesa y ahí comemos”.
No falta quien invade estos espacios sin tener pacientes internados, pero en su caso, es la necesidad y el deseo de que pronto le den de alta, la que la mueve para aguantar cualquier incomodidad.
“Cuesta pasar el día, porque no estamos haciendo labores como cuando estamos en nuestra casa, ahí tenemos que mantener los pollos, mantener la casa, lavar, trapear, por ejemplo, ahorita mi yerno está adentro con mi nieta, al rato entra otro, por ejemplo, entro yo y saliendo entra mi hija para toda la noche”.
La lucha de estas familias es doble, pero están dispuestas a aguantarlo todo, asimismo, agradecen la buena voluntad de quienes se acercan a ofrecerles comida, agua o palabras de aliento, que aminoran la larga espera.
Notinúcleo / Alejandra Orozco Ardines