Y sigue siendo aquel. El mismo que gesticula, el que mueve la mano de un lado a otro, el que te lanza una mirada como retándote, el que lleva las manos a la cintura y el que sigue amando con locura.
Apenas apareció su figura sobre el escenario del Auditorio Nacional, un poco más delgada que de costumbre y con paso precavido, y el respetable se le puso de pie. Un minuto de aplausos y él, sonriendo, con ese mirar pícaro y agradecido.
Raphael, el Divo de Linares celebra su gran noche; Él es aquél
Llegó la noche y de inmediato uno de sus grandes éxitos, Yo sigo siendo aquel. Continuó Cierro mis ojos y Digan lo que digan, pues al final, a él, le da igual.
Raphael no necesitó, hasta este momento, ni decir buenas noches a su público. Sabe que lo aman, que lo reciben con los brazos abiertos y le entregan el alma. Apenas llevaba 15 minutos de show y apareció Mi gran noche, que los asistentes conocen tan bien y cantan a la par. De nuevo el respetable se le puso de pie y le aplaudió como si el show ya hubiera terminado. La realidad, es que aún faltaba, y mucho.
Sucedieron Amo, Si no estuvieras tú, Tema de amor y Los hombres lloran también, que trajeron un momento más calmado, pero los gestos, el alzar de cejas y la mirada hacia el horizonte, continuaba. Fue en esta última que El Divo de Linares tomó una silla que había traído y se sentó y, como dice la canción, él también lloró.