El cohete Starship de SpaceX alcanzó por primera vez la órbita terrestre durante su decimocuarto vuelo de prueba, realizado desde las instalaciones de Starbase, en Texas. El logro representa un momento importante para el desarrollo del vehículo, después de que los 13 vuelos anteriores se mantuvieran en trayectorias suborbitales.
La misión enfrentó un problema durante el ascenso, cuando uno de los motores de Starship se apagó antes de lo previsto. En un primer momento, la falla generó dudas sobre la posibilidad de completar el objetivo orbital; sin embargo, los ingenieros analizaron la situación y determinaron que la nave todavía podía realizar el encendido necesario para modificar su trayectoria y alcanzar la órbita.
Starship está compuesto por el propulsor Super Heavy y la nave que continúa el viaje después de la separación, con una altura conjunta superior a los 120 metros. En esta misión, además de probar el funcionamiento del sistema en condiciones orbitales, SpaceX buscaba desplegar el primer lote operativo de satélites Starlink desde este vehículo. El plan contemplaba una misión de aproximadamente 10 horas y seis vueltas alrededor de la Tierra.
El éxito orbital abre una nueva etapa para el programa de SpaceX, que pretende utilizar Starship para lanzar satélites, realizar misiones espaciales y, posteriormente, participar en proyectos de exploración lunar. La NASA también ha seleccionado una versión del vehículo para apoyar futuras misiones del programa Artemis. Aun así, la compañía deberá demostrar que Starship puede realizar de manera confiable operaciones más complejas, como el reabastecimiento de combustible y otras maniobras necesarias para vuelos hacia la Luna.