La tragedia y la violencia cobraron factura directa en el tejido social de la colonia Las Granjas, en Tuxtla Gutiérrez, dejando a su paso no solo el dolor irreparable por la pérdida de una vida, sino profundas secuelas emocionales en la niñez que atestiguó el atentado.
Ante este panorama, un equipo interinstitucional conformado por la Secretaría de Seguridad Municipal, la Secretaría de Salud, el DIF Tuxtla, la Sindicatura y la Fiscalía General del Estado mantiene operativos de presencia y despliegue estratégico en la zona para garantizar un entorno seguro. Sin embargo, el reto más urgente se encuentra en la salud mental de los menores.
La procuradora del DIF en Tuxtla Gutiérrez, María Isabel Cruz Cruz detalla que las niñas y niños que presenciaron los hechos presentan cuadros de vulnerabilidad, temor, inseguridad y mecanismos de defensa que los orillan a rechazar la actividad deportiva por miedo a un nuevo ataque.
“Hay un equipo coordinado de diferentes autoridades… En la situación lamentable que pasó en la cancha de fútbol, en Las Granjas, nos debe a la tarea doble de actuar de manera inmediata en la atención a la niñez ahí. ¿Por qué a raíz de este episodio lamentable los niños han tenido una vulnerabilidad en sus derechos? Tienen temor, tienen inseguridad, aparte están pasando, están generando un mecanismo de defensa al no querer asistir a una actividad deportiva por el temor que ellos tienen de sufrir un atentado.”
Frente a esta crisis, brigadas de psicología han intensificado las visitas domiciliarias y la intervención directa. El núcleo familiar que perdió a su hijo recibe terapia intensiva para procesar el duelo, mientras que el pasado viernes se llevó a cabo una asamblea informativa con los padres de familia de la comunidad para trazar una ruta de acompañamiento permanente.
Las autoridades reconocen la alta resiliencia de la infancia, pero advierten sobre el miedo latente de los padres ante la exigencia de una seguridad permanente en los espacios públicos.
El seguimiento clínico incluye casos críticos, como el de un menor que presenció directamente el impacto y la caída de su compañero, requiriendo contención especializada para evitar trastornos del sueño, pesadillas recurrentes y rechazo escolar.
Notinúcleo / Daniela Grajales