Con una mochila roja al hombro y sus herramientas para reparar calzado, Darinel Ramos Barrios, de 68 años, recorre las calles de Tuxtla Gutiérrez ofreciendo un oficio que poco a poco desaparece: el de zapatero ambulante.
Originario de Frontera Comalapa, llegó a la capital chiapaneca desde muy joven. Durante varios años trabajó como militar, pero tras quedarse sin empleo tuvo que buscar una nueva forma de ganarse la vida. Fue entonces, hace tres décadas, cuando don Hipólito le enseñó el oficio que hasta hoy le permite llevar el sustento a su hogar.
Darinel aprendió a reparar todo tipo de calzado, desde zapatos infantiles hasta botas, un trabajo que requiere paciencia, precisión y conocimientos para manejar distintos materiales como piel, tela y sintéticos.
Aunque es un hombre de pocas palabras, asegura que ejerce su oficio con orgullo desde 30 años.
Sin embargo, reconoce que ejercer este oficio es cada vez más complicado. La llegada de calzado de bajo costo y la costumbre de reemplazar los zapatos en lugar de repararlos han reducido considerablemente el número de clientes.
“A veces hay trabajo y a veces no”, comenta mientras continúa su recorrido por las calles de la ciudad.
A pesar de ello, aún conserva clientes que prefieren reparar su calzado antes que desecharlo. Gracias a la confianza de sus clientes, Darinel continúa recorriendo las calles de Tuxtla Gutiérrez con su mochila roja, decidido a mantener vivo un oficio que, con el paso de los años, cada vez es menos común.
Notinúcleo / Issa Maldonado