*Activistas señalan que hay alrededor de 13 mil solicitantes en espera de ser atendidos
*Migrantes esperan más de 4 o 6 horas bajo el sol, y con apenas siete entrevistadores para atender a más de 13 mil solicitantes.
La frontera sur de México no solo está delimitada por geografía, sino por un muro invisible de burocracia y omisión institucional.
Cifras recientes de la propia Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) revelan una desproporción alarmante que ha convertido a Tapachula en una “ciudad cárcel”, pues solo siete entrevistadores oficiales son los únicos encargados de procesar y hay poco más de 13 mil migrantes en espera.
El activista Luis Villagrán, señala que los migrantes están parados por más de 4 o 6 horas al día, en espera de ser atendidos.
Esta parálisis administrativa, obliga a los solicitantes a esperar hasta un año y medio para ser atendidos, y esto ha generado un embotellamiento humano de 60 mil personas varadas en condiciones de extrema vulnerabilidad al año en Tapachula.
La crisis no es solo de volumen, sino de capacidad operativa. De los 13 mil migrantes en espera, 7 mil ya se encuentran en proceso de firma, mientras que otros 6 mil aguardan una respuesta por correo electrónico que parece no llegar.
La situación legal es igualmente desoladora. A pesar de que el Artículo 52 de la Ley de Migración estipula la entrega de tarjetas por razones humanitarias a víctimas de delitos graves, la realidad en las fiscalías es otra.
“La justicia en la frontera sur, sencillamente, no tiene personal para existir.” Agregó.
Hoy, Tapachula no solo lucha contra la falta de infraestructura, pues al exterior de la comar únicamente hay dos carpas que sirven para proteger a cientos de migrantes que al día esperan una respuesta, y la lucha es contra un sistema que parece utilizar el tiempo y el sol como herramientas de desgaste, dejando a miles de seres humanos a la deriva en una crisis que ya es, indiscutiblemente, una emergencia humanitaria.
Para Notinucleo Pamela Hernández