En Tuxtla Gutiérrez, especialistas advierten que el conocimiento sobre la vegetación nativa incluyendo árboles, frutales y plantas medicinales está desapareciendo entre la población urbana. Pese a la enorme diversidad local, muchas especies originarias son ya desconocidas para las nuevas generaciones.
En el Vivero del Jardín Botánico Faustino Miranda, se resguardan más de 130 especies nativas de la región, muchas de ellas ya poco reconocidas por la ciudadanía. El curador Manuel Rivera Jaramillo explica que, aunque Tuxtla posee una riqueza vegetal única, su población ha normalizado especies introducidas, dejando de lado las que forman parte de su identidad ambiental.
MANUEL RIVERA JARAMILLO
“En el vivero tenemos más de 130 especies, les llamamos no convencionales porque ya prácticamente han pasado a ser desconocidas por la población, sobre todo por la población urbana […] ya no reconoce la vegetación como propia nativa. Están más acostumbrados a lo que han visto como el flamboyán, el tulipán africano, la primavera… A pesar de que es una especie nativa, es una especie nativa de la costa; aquí, si quisiéramos ponernos muy estrictos, la primavera sería una especie introducida, porque su distribución original es por el Pacífico, llegando hasta Nayarit, el sur de Sinaloa y Centroamérica”.
Entre las especies nativas registradas en Tuxtla Gutiérrez destacan árboles propios de la selva baja caducifolia como:
Guayacán (Guaiacum coulteri)
Macuilís rosa (Tabebuia rosea)
Cojolite o madre de cacao (Gliricidia sepium)
Nance (Byrsonima crassifolia)
Guape o zapote de agua (Pachira aquatica)
Caoba (Swietenia macrophylla)
Cedro rojo (Cedrela odorata)
Ojite (Cojoba arborea)
Matilishuate (Tabebuia donnell-smithii)
Chicozapote (Manilkara zapota)
Muchas de estas especies fueron históricamente utilizadas como sombra, ornato o alimento, pero hoy casi han desaparecido de calles y parques.
El especialista señala que este desconocimiento no solo afecta al arbolado urbano. También las plantas medicinales nativas se encuentran en abandono, pese a que durante décadas fueron parte esencial de la salud comunitaria.
“En cuanto a las plantas medicinales ha caído mucho en desuso”.
Entre ellas figuran el copalchi, el cuachalalate, la ruda silvestre, el hierbamora, la cola de caballo y el toronjil morado.
La pérdida de conocimiento también alcanza a los frutales nativos, esenciales en la dieta regional. El zapote amarillo, el guanábano silvestre, la jonjoche, el jobo, la pitahaya y el icaco son ejemplos de frutos que, aunque originarios del valle zoque, hoy son poco cultivados en patios y huertos familiares.
“Que es de frutales nativos es otra parte de las plantas que se ha dejado muy olvidada”.
Expertos hacen un llamado a recuperar este patrimonio vivo, reintroduciendo árboles, plantas medicinales y frutales nativos en escuelas, parques y viviendas. Preservar la memoria verde de Tuxtla, dicen, es fundamental para proteger su identidad ecológica y cultural.
Para Notinúcleo Daniela Grajales