En Tuxtla Gutiérrez, miles de motocicletas circulan diariamente llevando comida y productos a los hogares. Pero detrás de cada entrega, hay una realidad poco conocida: repartidores que trabajan sin prestaciones, sin seguro y sin un registro oficial que los respalde.
El crecimiento de plataformas digitales como Uber Eats, DiDi Food y Rappi ha brindado oportunidades de trabajo a muchas personas, pero también ha mostrado un modelo laboral riesgoso. Los trabajadores cubren todos los gastos: gasolina, mantenimiento, accidentes y el desgaste físico de largas jornadas.
En esta temporada vacacional, los pedidos han aumentado y los ingresos pueden ser de entre 500 y 800 pesos al día. Sin embargo, para lograr esa cantidad, muchos trabajan desde temprano hasta altas horas de la noche, sin descanso ni garantías.
Algunos ven esta actividad como una salida a la falta de empleo formal, mientras que otros la ven como una opción flexible. Pero la realidad es clara: en Tuxtla no hay un registro oficial que permita saber cuántos repartidores hay ni en qué condiciones trabajan.
El reparto a domicilio no solo mueve la economía, sino que también muestra una deuda pendiente: la falta de regulación y protección para quienes viven al día, arriesgando todo en cada entrega.
Para Notinucleo: Víctor Pérez