Uno de los elementos más importantes de la tradición del Día de Muertos es el altar, que básicamente consiste en poner una mesa para recibir a nuestros seres queridos que ya han partido, con alimentos, bebidas y otros elementos que significan la esperanza de un reencuentro, si bien no hay un altar representativo de una región u otra, en realidad todos tienen el mismo fin, y los elementos que lo constituyen dependen de las posibilidades y el gusto de quien lo pone, señaló Roberto Ramos Maza, director de patrimonio del Coneculta.
“Yo creo que sí se pueden encontrar algunas diferencias entre altares. Por ejemplo, en las zonas frías, templadas, más bien de Chiapas, pueden usarse muchos pinos y hojas de pino, agujas de pino, en las zonas más cálidas que producen, por ejemplo, plátano, se pueden poner pencas de plátano. En el caso de Tuxtla, algo que los caracteriza es un pan tradicional que tiene un sentido ritual, que es en el Ponzoqui, que en forma de seres humanos, en fin, se pueden encontrar diferencias regionales, por supuesto, pero la idea básica es la misma”.
Hasta el siglo XX, existía un altar siempre en la casa, al que se le agregaban flores de la época, alimentos y bebidas, por lo que aclaró, en realidad no existe una idea tradicional, sino una recreación moderna.
“Más allá de que sea una receta, porque lo que sí creo que ahí se comete un error sobre todo en los concursos, que dice, es que debe llevar esto, esto, los niveles, tal flor, tal lo que alimento. No, lo que se debe conservar es la idea central. Quiero recibir a mi ser querido con lo que le gustaba comer, con lo que gustaba de tomar y para eso le pongo los alimentos, para eso lo recuerdo con alguna foto y evidentemente la idea central no hay que olvidar que la celebración de los muertos es una celebración cristiana, básicamente y por lo tanto hay elementos que tienen que ver con el cristianismo, específicamente la presencia, pues obviamente de la cruz”.
Notinúcleo / Alejandra Orozco Ardines