Los robos a casas-habitación, asaltos en las calles, negocios y en las salidas de las instituciones bancarias, están a la orden del día, tanto en Tuxtla Gutiérrez como en las principales poblaciones del interior del estado.
Por eso, la ciudadanía pacífica que vive de su trabajo, que con esfuerzo y dedicación, ha forjado un patrimonio, empieza a desesperarse.
Una prueba de ello es la manta que colocaron los colonos de la Albania alta de esta ciudad en donde con letras grandes y visibles desde cierta distancia se distingue el mensaje: “vecinos unidos contra la delincuencia”; luego, dice: “delincuente atrapado será linchado” y termina con un “¡ya basta!”.
En San Pedro Progresivo, al norte oriente de la capital, en la calle que separa a esta colonia con jardines del pedregal, el anuncio advierte: “vecinos organizados”. “cuidado ratero”. “si te atrapamos, te linchamos”, “nosotros no llamamos a la policía”.
Lo que sucede es que colonias populares como ésta, y muchas más, se han convertido en “blanco” de los ladrones.
Pero a nadie convienen estos escenarios donde han optado con hacerse justicia por propia mano, como ocurrió recientemente en San Juan Chamula o en los últimos días en la comunidad de Yalentay, en Zinacantán, cuando la población se las quiso cobrar a un grupo de promotores del programa un kilo de ayuda, después de que un niño murió bronco aspirado al no poder ingerir un medicamento que le habían suministrado.
Para nadie es ajeno, que a diario, en todos los medios de comunicación se difunden noticias nada agradables: asaltos por aquí, robos por allá. Ciudadanos lastimados o asesinados con arma blanca o arma de fuego por oponer resistencia a ser despojados de dinero en efectivo, objetos de valor o de sus bienes en el interior de sus hogares.
Por eso, la desesperación de la población está llegando a límites insospechados y saliéndose de las manos de quienes tienen la obligación de garantizarles una vida de tranquilidad, paz y armonía…
Hasta el siguiente comentario.