Ya se cumplieron 74 días de paro magisterial, un mes de bloqueo en el kilómetro 46 de la carretera de cuota Tuxtla-San Cristóbal, lo mismo que en los accesos principales de la capital del estado, de manera intermitente, y casi una semana de interrupción por tiempo indefinido.
Los daños directos y colaterales no tienen cifras exactas porque cada sector de la población padece las consecuencias y solo se puede afirmar que las pérdidas “son cuantiosas e irrecuperables”.
El estado de sitio que estamos viviendo no tiene precedentes en la historia de nuestra entidad y menos de la ciudad en donde están asentados los poderes y que por lo tanto, constituye el eje principal desde donde se mueven todas las actividades productivas de la sociedad.
La temporada alta de vacaciones de verano, se convirtió, de golpe y porrazo, en temporada baja… casi nula.
Del perjuicio directo a la niñez y la juventud con su pérdida de clases y el riesgo de no poder reiniciar el próximo ciclo escolar, ni quien se acuerde, tal parece que ellos no importan a nadie.
Las mesas de diálogo, parecen juego de pin pon, “se tiran la bolita unos a otros…” se suspenden…se reinician, y no se ven resultados que arrojen una solución definitiva al conflicto.
Mientras tanto, la ciudadanía chiapaneca no ve una, está viviendo “una noche negra”; una etapa de injusta y cruel indefensión… “nos está tocando, a todos, “bailar con la más fea, con la bruja y hasta con la escoba de la bruja”…