El pleno de la sexagésima sexta legislatura aprobó por unanimidad el dictamen de la Comisión de Salubridad y Asistencia relativo a la iniciativa de ley para la prevención y atención del sobrepeso y la obesidad del estado de Chiapas.
Para quien escuche esta noticia, indiscutiblemente podrá pensar que se trata de un anuncio que por sí solo permitirá hacerle frente a esta epidemia, en eso todos estamos de acuerdo, pero la realidad es que el reto es mayúsculo.
Nuestro país, por ejemplo, tiene la tasa más alta de sobrepeso y obesidad en mayores de 15 años, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico en su informe “Panorama de la Salud 2017”.
El 72. 5 por ciento de la población tiene esos problemas, de los cuales 33.3 por ciento tiene obesidad y 39.2 por ciento sobrepeso.
Estos padecimientos están reduciendo drásticamente la calidad y esperanza de vida en México al constituir un factor de riesgo para muchas enfermedades crónicas.
Y ya no se diga la obesidad infantil que ha crecido 16 por ciento entre niños de 6 a 12 años de edad.
Ahora bien, con esta iniciativa que aprobaron, tienen la idea de proporcionar un marco jurídico que permita desarrollar los mecanismos necesarios para prevenir y atender el sobrepeso y la obesidad, así como promover la alimentación saludable y nutritiva.
Solo que mientras se siga permitiendo en algunas escuelas públicas y privadas la venta y consumo a discreción de comida chatarra, nuestros niños y jóvenes continuaran estando expuestos a ese callejón sin salida al que fueron condenados desde hace por lo menos dos décadas.
La iniciativa es correcta, pero se enfrentara a un monstruo de tres cabezas con intereses millonarios y de grandes tentáculos, cuyas malas prácticas mantienen atrapadas a miles de familias que vienen siguiendo falsos patrones de alimentación, mientras ese círculo vicioso no se rompa, ninguna ley en la materia rendirá buenos frutos…