Hacen bien quienes proponen que manos extrañas queden fuera del proyecto de construcción de la presa Chicoasén II, que de puro milagro fue reactivado, tras varios meses de estires y aflojes entre los grupos en pugna que mantenían paralizada la obra.
Ese planteamiento tiene sus bases bien fincadas pues quienes padecieron en carne propia la guerra que desataron para quedarse con todo el pastel y no compartir una sola rebanada con nadie, pues se quedaron como el perro de las dos tortas.
Según el portal de la Comisión Federal de Electricidad, en el apartado “licitaciones”, se puede consultar que el proyecto tuvo una inversión promedio de 406 millones de dólares y se esperaba que en septiembre de 2018 iniciara la operación comercial, aunque ya lleva un retraso de 11 largos meses, mismos que estuvo paralizada.
La construcción llevaría un tiempo de 44 meses y ahora tendrán que acelerar el paso para recuperar el tiempo perdido y no echar todo el dinero a la borda.
Por lo pronto los ejidatarios señalaron que ya no quieren ver ni en pintura por esas tierras a la diputada María Olvera, y ahora el que ya asomó la cabeza es el presidente de la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México, Saúl Martínez, quien pidió justamente que ya no existan intermediarios para que el beneficio real de este proyecto llegue para los transportistas y ejidatarios.
Aunque en Chicoasén hay quienes exigen que también este personaje quede fuera del proyecto porque amenaza con tener el contrato de prestación de servicios de acarreo de materiales hasta que concluyan los trabajos, que fue desde el inicio, la manzana de la discordia…