Solo en los peores momentos de la historia de Chiapas, se había visto lo que ha venido sucediendo en las últimas fechas.
Tomas de edificios públicos, presidencias municipales, bloqueos carreteros, apoderamiento de las casetas de cobro y retenes improvisados para exigir derecho de peaje, entre otras acciones de protesta por parte de grupos inconformes.
Las manifestaciones magisteriales ya son parte de lo cotidiano desde la década de los ochenta.
Pero lo más reciente, lo ocurrido el martes pasado cuando inconformes de Chenalhó que exigen la destitución de la alcaldesa Rosa Pérez Pérez, infiltraron a otras organizaciones radicales como ambulantes y campesinos para engrosar sus filas y hacer más impresionante su presencia.
Nunca, en años recientes, se había registrado un disturbio tan encarnizado cuando después de apoderarse por varias horas del Palacio Legislativo y mantener en su interior al personal y a ciudadanos que realizaban trámites, vino la acción policíaca para desalojarlos.
Estos acontecimientos, nos hacen recordar aquel 18 de octubre de 1955 en que diversos grupos sociales, incluyendo a numerosos indígenas, hartos de tanto desorden político y administrativo con Efraín Aranda Osorio como gobernador, tomaron el palacio de gobierno para exigir respeto a sus derechos… y la respuesta oficial de represión, estuvo a punto de costarle el puesto al mandatario en turno.
Pero volviendo al caso Chenalhó, cuyo episodio aún no termina, tuvo un revés para los demandantes, al ser dispersados con gases lacrimógenos.
Sin embargo, la respuesta de los indígenas fue de violencia, de vandalismo: destruyeron aparadores y saquearon comercios, incendiaron vehículos y causaron numerosos daños a terceros.
Y es que se ha dicho hasta la saciedad… la Constitución permite las manifestaciones de protesta, ¡pero no el atentado a la integridad física y patrimonial de la población!
Hasta el siguiente comentario.