La edad que marca el calendario no siempre coincide con la edad biológica del cuerpo, y el cerebro no es la excepción. En años recientes, la ciencia ha comenzado a hablar de un concepto conocido como “edad cerebral”, una estimación que permite comparar cómo “se ve” el cerebro de una persona frente al promedio de su grupo de edad.
Bajo esta lógica, algunos cerebros parecen envejecer más rápido, mientras que otros mantienen características propias de personas más jóvenes. Pero, ¿qué es lo qué marca la diferencia entre unos y otros?
Un estudio que compara edad real y edad cerebral
Un estudio difundido por la Universidad de Florida menciona que ciertos hábitos cotidianos podrían asociarse con un cerebro que aparenta ser hasta ocho años más joven.
La investigación siguió durante dos años a adultos de mediana edad y mayores, la mayoría con dolor musculoesquelético crónico o con riesgo de osteoartritis de rodilla. Los científicos compararon la edad cronológica de los participantes con una edad cerebral estimada a partir de resonancias magnéticas.
El hallazgo principal fue que quienes reportaban más factores protectores no solo iniciaban el estudio con cerebros que “parecían” hasta ocho años más jóvenes, sino que además mostraron un envejecimiento cerebral más lento a lo largo del seguimiento.
Este dato es especialmente relevante porque el dolor crónico suele asociarse con peor calidad de sueño, mayor estrés y menor actividad física, factores que pueden afectar la salud general y mental.