En Chiapas, el dinero que llega desde el extranjero se ha convertido en un pilar de la economía estatal y en muchos casos en la única fuente estable de ingresos para miles de familias.
De acuerdo con el Anuario de Migración 2025, elaborado con cifras del Banco de México y el Inegi, las remesas representan el 14.6 por ciento del Producto Interno Bruto del estado, uno de los niveles más altos del país y muy por encima del promedio nacional.
Este peso desproporcionado revela la limitada generación de empleo y oportunidades económicas en la entidad, donde la migración continúa siendo una salida obligada. Aunque estados como Michoacán, Guanajuato y Jalisco concentran los mayores montos absolutos de remesas, en Chiapas el impacto es mayor en términos proporcionales, lo que evidencia una dependencia estructural de estos recursos.
Cifras del Banco de México indican que Chiapas recibió más de cuatro mil millones de dólares en remesas durante 2024, colocándose entre las entidades con mayor crecimiento en este rubro.
El flujo constante de dinero desde Estados Unidos ha permitido sostener el consumo básico, el pago de servicios y, en algunos casos, pequeñas inversiones familiares, pero no ha sido suficiente para detonar un desarrollo económico de fondo.
Para miles de familias en comunidades rurales y urbanas del estado, las remesas no son un complemento, sino la base de su supervivencia cotidiana, en un contexto donde las opciones productivas locales siguen siendo escasas.