Venezuela enfrenta una grave crisis humanitaria tras los terremotos registrados el 24 de junio, los cuales han dejado 3,342 personas fallecidas y 16,840 de heridos. Ante la magnitud de la tragedia, las autoridades han comenzado a sepultar a víctimas que no han podido ser identificadas debido al avanzado estado de descomposición de los cuerpos y al colapso de los servicios forenses.
Más de 150 cuerpos sin identificar fueron enterrados en un cementerio de emergencia, donde cada tumba fue marcada con un código para facilitar una posible identificación en el futuro. Las morgues permanecen saturadas y los equipos de rescate continúan recuperando cadáveres entre los escombros, mientras muchas familias siguen buscando a sus seres queridos desaparecidos.
Las autoridades han señalado que se toman muestras de ADN, huellas dactilares y otros registros antes de realizar los entierros, con el objetivo de preservar la identidad de las víctimas. Sin embargo, el deterioro de muchos cuerpos ha complicado estos procedimientos, lo que ha obligado a acelerar las inhumaciones para evitar riesgos sanitarios.
Mientras continúan las labores de rescate y la entrega de ayuda humanitaria, la cifra de fallecidos podría seguir aumentando. La tragedia ha puesto a prueba la capacidad de respuesta del país y ha dejado a miles de familias enfrentando el dolor de la pérdida y la incertidumbre sobre el paradero de sus familiares.