El grafiti en Chiapas ha evolucionado con el paso de los años, pero mantiene su esencia transgresora y clandestina. Hoy convive con expresiones de arte urbano que han ganado espacio en la vida pública y en proyectos comunitarios.
A finales de la década de 1990 e inicios de los años 2000 surgieron las primeras expresiones de grafiti en ciudades como Tuxtla Gutiérrez y San Cristóbal de Las Casas. Influenciados por la cultura hip-hop estadounidense, jóvenes comenzaron a pintar tags y bombas en bardas, puentes y espacios públicos para ganar reconocimiento y expresar su identidad.
En aquella época, la práctica era considerada un acto de vandalismo. Las pintas eran perseguidas por las autoridades y socialmente estigmatizadas, lo que reforzaba el carácter clandestino del movimiento.
Luis Abraham Enríquez Pineda, artista visual independiente y docente, recuerda que su historia con el grafiti comenzó cuando tenía apenas 13 años.
Hoy, más de dos décadas después, asegura que aquella adrenalina de salir a pintar de manera clandestina permanece en su memoria, aunque reconoce que el movimiento ha cambiado profundamente.
En Tuxtla Gutiérrez, el grafiti vivió uno de sus periodos de mayor auge hace aproximadamente 25 años. En ese entonces existían hasta ocho grupos con fuerte presencia en distintos puntos de la ciudad, interviniendo espacios públicos y privados como parte de una competencia por ganar reconocimiento dentro de la escena local.
Con los años, la percepción social comenzó a transformarse. Mientras el “tag” tradicional disminuyó en algunas zonas debido a las multas, la vigilancia y las políticas de limpieza urbana, otras expresiones encontraron nuevos espacios.
Para Enríquez Pineda, el grafiti clásico no desapareció, sino que se transformó sin perder su esencia. Muchas de sus técnicas y estilos fueron incorporados al arte urbano contemporáneo y al muralismo, permitiendo que artistas y colectivos participaran en proyectos culturales, comunitarios e incluso institucionales.
A partir de 2009 y 2010, el movimiento dio un giro. Los murales comenzaron a ocupar un lugar importante y las obras empezaron a retratar temas sociales, ambientales, culturales y las cosmovisiones de los pueblos originarios de Chiapas.
Este cambio permitió recuperar espacios públicos y contribuyó a que el arte urbano fuera cada vez más aceptado por la sociedad.
Actualmente, diversos artistas gráficos han realizado obras en distintos puntos de Tuxtla Gutiérrez y otros municipios del estado, consolidando al muralismo como una expresión cultural cada vez más aceptada por la ciudadanía.
A pesar de esa transformación, el espíritu original del grafiti permanece. Para Luis Abraham Enríquez Pineda, las nuevas generaciones continúan encontrando en los muros una forma de expresar identidad, inconformidad y sentido de pertenencia.
A más de 25 años del auge del grafiti en Chiapas, el artista sostiene que esta manifestación continuará transformándose sin perder el espíritu con el que nació en las calles.
Notinúcleo / Issa Maldonado