En México, la violencia contra niñas, niños y adolescentes no solo deja daños físicos, sino también profundas secuelas emocionales. De acuerdo con el Consejo Ciudadano para la Seguridad y la Justicia, entre enero de 2025 y abril de 2026 se brindó atención a más de 15 mil menores, y seis de cada diez solicitaron apoyo por problemas relacionados con ansiedad, soledad y conflictos familiares. Estos datos muestran que la salud mental infantil se ha convertido en una preocupación creciente.
El informe también revela que la violencia sexual continúa siendo una de las principales amenazas para la infancia. Se registraron más de mil reportes de abuso, violación y acoso, donde el 85% de las víctimas fueron niñas. Además, en más de la mitad de los casos el agresor era un familiar cercano, lo que dificulta la denuncia y el acceso a la protección, ya que muchas veces el responsable forma parte del entorno de confianza de la víctima.
Otro problema que preocupa es el aumento de los riesgos en el entorno digital. Las autoridades han detectado casos de ciberacoso, sextorsión y engaños mediante aplicaciones o redes sociales para obtener imágenes íntimas de menores. Ante esta situación, especialistas destacan la importancia de fortalecer la educación digital y promover una comunicación abierta entre padres, madres e hijos para prevenir este tipo de delitos.
Frente a este panorama, el Consejo Ciudadano enfatiza que proteger a la infancia requiere un esfuerzo conjunto entre las familias, las escuelas, las autoridades y la sociedad. Además de ofrecer apoyo psicológico, también brinda orientación legal y acompañamiento especializado para que las víctimas puedan recuperar su bienestar. Escuchar, prevenir y actuar a tiempo son acciones fundamentales para garantizar que las niñas, niños y adolescentes crezcan en un entorno seguro y libre de violencia.