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Con Valor y Con verdad… Versión incompleta del país

por Notinúcleo Networks

Gustavo Rentería

Todos deberíamos ir al sureste. No solo para admirar paisajes, sino para entender de dónde venimos, qué ocurrió con la llegada de los españoles y por qué es urgente salvaguardar las tradiciones que aún resisten. Chiapas condensa la historia, sus pueblos y sus heridas abiertas.

Las bellezas naturales son caprichos de la naturaleza construidos después de millones de años. Las Cascadas del Chiflón de 120 metros y el viento silbando entre la vegetación, es algo que nadie debe perdérselo.

Las Lagunas de Montebello, cerca de la frontera, cambian de color según la luz y la profundidad. El Cañón del Sumidero con paredes de hasta mil metros, donde el río Grijalva fluye entre acantilados que el tiempo esculpió con paciencia geológica.

El choque cultural se siente de inmediato en las comunidades indígenas de Zinacantán y San Juan Chamula, a minutos de San Cristóbal de las Casas.

En Zinacantán, el verde de los invernaderos de flores convive con los textiles bordados de los tzotziles. En Chamula, la iglesia de San Juan Bautista mezcla elementos católicos y mayas: el suelo cubierto de agujas de pino, velas y rituales de curación que desafía la mirada de los turistas.

Allí se comprende que la conquista no borró, sino que transformó, y que la tradición sigue siendo una forma de resistencia cotidiana.

En Amatenango del Valle, las mujeres tseltales modelan el barro a mano. Piezas de jaguares, palomas, ollas y figuras surgen de arcillas locales, que se pintan con pigmentos naturales y se cuecen en hornos de leña.

Miles de hondureños, salvadoreños y guatemaltecos atraviesan Chiapas con la esperanza de alcanzar los Estados Unidos. Son centenas de miles de seres humanos a quienes, en el camino, les hace falta agua, comida, salud y techo. La geografía de Chiapas no es solo turística, es corredor para iniciar el sueño americano.

Al mismo tiempo, la modernidad se expresa en Tuxtla Gutiérrez y Comitán, ciudades con infraestructura contemporánea, y en San Cristóbal de las Casas, donde la arquitectura colonial de portales y templos convive con hoteles boutique y restaurantes de alta gama.

Hay que ir a Chiapas para entender la causa indígena. Los Acuerdos de San Andrés y las cartas del Subcomandante Marcos que circularon como manifiestos de dignidad.

Hay que ir a Chiapas para ver a los miles de desplazados por el conflicto y el nuevo mapa social del estado.

Conocer Chiapas no es un viaje de postales. Es una lección sobre orígenes, conquista, resistencia, naturaleza y el presente migratorio y político de México.

Quien no lo visita se queda con una versión incompleta del país.

COLOFÓN:

+Francisco Siman Estefan y su esposa Ana Cristina son excelentes anfitriones; pero sobre todo grandes promotores de su estado.

+El procurador del Trabajo -Plácido Morales, originario de Ocozocoautla- ahora entiendo, por qué publicita su entidad todos los días.

+Urge una campaña como Chiapasiónate como la que creó Manuel Velasco Coello.

*Publicado en el periódico El Heraldo de México

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