En la tradición chiapaneca, una representación que se empezó a rescatar recientemente es la de los Alférez y Nahuarés, alférez es una palabra que viene del árabe, que representa el jinete, y nahuarés es la cara de palo en lengua chiapa, que no es una danza, sino una representación, señaló el investigador Mario Nandayapa.
“Es una representación de cristianos y moros, pero lo peculiar, como comentaba, es precisamente la resistencia cultural que tiene Chiapa de Corzo, le agrega precisamente su nombre en lengua chiapa, con el transcurso de los años se perdió precisamente lo que serían los diálogos, porque estos tienen diálogos, entonces ésta se hace en la representación de la actualidad del 8”
Y es que esta danza se había perdido, afortunadamente hace 50 años empieza a ser recuperada, donde participó su padre, Mario Aguilar, así como el propio Mario fue parte desde muy niño, en la conmemoración de los 400 años de la fundición de la campana grande. La representación consiste en dos grupos que se van a confrontar, uno que viene de San Antonio Abad y el otro grupo de Santa Helena, dos espacios de poder en este pueblo mágico.
“Aquí lo único que vamos a ver en esta escenificación de la confrontación que se está dando, traen sus dos patrones, se está viendo la confrontación y entonces esa presencia, como he dicho, de resistencia cultural la dividió, entonces se cambió de ser cristianos y moros se convirtió en españoles e indígenas, pero aquí también hay una cosa curiosa, muchas danzas de esta naturaleza se le llaman danzas del trauma español, aquí tenemos otra danza, precisamente el Caballito de Mandamba Yuli, que es precisamente la confrontación entre indígenas y los españoles, pero el que tiene más poder es el indígena”
Lo interesante es que los grupos en la actualidad se han dedicado a fomentarlo desde niños, reflejando nuestra cultura, sentido de amor, alimentos y otros elementos como el somé, ofrendas que se dan para que haya buena fertilidad.
Notinúcleo / Alejandra Orozco Ardines