La industria vinícola mexicana atraviesa una etapa de contrastes debido al crecimiento de la competencia extranjera, principalmente de marcas europeas. De acuerdo con Salomón Abedrop López, presidente del Consejo Mexicano Vitivinícola, seis de cada diez botellas de vino que se consumen en México son importadas. A esto se suma el comportamiento del tipo de cambio, que ha favorecido la entrada de vinos extranjeros al mercado nacional.
El dirigente explicó que la fortaleza del peso frente al dólar ha generado un efecto equivalente a un subsidio de entre 20 y 25 por ciento para los productos importados. Además, el descenso en el consumo de vino en Europa ha provocado que los excedentes busquen nuevos mercados, entre ellos México. Mientras el consumo cayó 8 por ciento en Europa y 6 por ciento en Estados Unidos, en México aumentó 1 por ciento durante el año pasado.
A pesar de esta competencia, el vino mexicano ha logrado una mayor aceptación entre los consumidores nacionales. Actualmente, cuatro de cada diez botellas consumidas en el país son mexicanas, mientras que en el segmento de precios de entre 200 y 500 pesos la producción nacional alcanza 47 por ciento de participación. La industria también tiene importancia económica y turística, pues se abastece de la agroindustria de 17 estados y durante los periodos de mayor actividad puede generar empleo para hasta 500 mil trabajadores.
Ante este panorama, la industria nacional enfrenta el reto de competir por espacios y precios sin descuidar la calidad. El sector busca fortalecer su presencia en el mercado mexicano y aprovechar la aceptación que han alcanzado sus productos. Para ello, la mejora continua de la calidad y el posicionamiento del vino mexicano serán elementos importantes frente al aumento de las importaciones y a las condiciones cambiantes del mercado internacional.