ONU Mujeres advirtió que las mujeres dedican en promedio tres veces más tiempo que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, una desigualdad que limita sus oportunidades laborales, económicas y de desarrollo personal.
De acuerdo con el organismo, a escala mundial 708 millones de mujeres en edad de trabajar permanecen fuera del mercado laboral debido a responsabilidades de cuidado, mientras que entre los hombres la proporción es de uno de cada 20. Esta situación evidencia la distribución desigual de las tareas que sostienen el bienestar de las familias y la sociedad.
En América Latina y el Caribe, las mujeres destinan entre 22 y 43 horas semanales a las labores domésticas y de cuidados, mientras que los hombres dedican entre siete y 20 horas, dependiendo del país. En México, durante 2024, el valor económico de estas actividades representó 24 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), equivalente a casi una cuarta parte de la riqueza nacional. De esa aportación, las mujeres contribuyeron con 72.6 por ciento, lo que refleja la importancia de un trabajo que, en su mayoría, no recibe remuneración.
En el marco del Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo, conmemorado el 29 de octubre, ONU Mujeres impulsó la campaña “Son Cuidados. El trabajo invisible que sostiene todo”, con el objetivo de reconocer la importancia de estas actividades y promover una distribución más equitativa.
Por su parte, la Secretaría de las Mujeres destacó la necesidad de avanzar hacia un Sistema Nacional y Progresivo de Cuidados que permita compartir las responsabilidades entre mujeres, hombres, instituciones y sociedad. Asimismo, organizaciones civiles señalaron que la sobrecarga de trabajo puede provocar agotamiento, afectaciones a la salud física y mental, ansiedad y depresión.
ONU Mujeres recordó que los cuidados incluyen la atención de niñas, niños, personas adultas mayores y personas con discapacidad, además de preparar alimentos, limpiar el hogar y brindar acompañamiento emocional. Por ello, sostuvo que cuidar debe reconocerse como un derecho humano y una responsabilidad colectiva, no como una obligación exclusiva de las mujeres.