Lo más sobresaliente de la semana que hoy concluye es sin duda el acontecimiento mundial del pasado martes.
Estamos hablando de la “elección-sorpresa” del magnate Donald Trump, como próximo gobernante del país más poderoso de la tierra y vecino nuestro.
La comunidad internacional pasó de la sorpresa a la preocupación y de la preocupación a la manifestación de sus inquietudes por todos los medios a su alcance.
México, no puede ser la excepción cuando es el único territorio situado al sur de la unión americana, y más cuando persiste la amenaza de la construcción de un muro en la franja fronteriza de ambas naciones.
Todos fuimos testigos del cambio drástico del discurso de candidato a presidente electo del señor Trump. En pocas horas pasó de la discriminación racial y otras “linduras” a su mensaje pacifista y de concordia.
Analistas mexicanos coinciden en que el nuevo mandatario estadunidense “no tiene dos personalidades”; por lo tanto, no podemos confiar en la nueva careta que está presentando a partir de su triunfo y mucho menos podemos quedarnos cruzados de brazos.
En otras palabras, gobierno y sociedad, tenemos que ocuparnos de lo que pueda pasar con nosotros, pero sobre todo, con nuestros connacionales que se encuentran en el vecino país del norte en calidad indocumentados y en quienes pesa el riesgo latente de ser deportados.
Es necesario “cerrar filas” ante el futuro incierto por el cambio drástico que se avecina en el gobierno de los estados unidos. No podemos ser derrotistas por anticipado. Debemos mantener el optimismo y prepararnos para esperar lo que venga a partir del 20 de enero de 2017…