Está por cumplirse un mes de que iniciaron el plantón y las movilizaciones del magisterio que protesta por la reforma educativa.
Las incidencias diarias, desde el 15 de mayo a la fecha, son conocidas por todos y nada tienen que ver con la paz y la tranquilidad que los chiapanecos merecemos.
Es lamentable, pero no se tiene una sola noticia favorable; el ambiente se “enrarece” cada vez más y “los nubarrones” se mueven de un lado a otro por este cielo antes limpio y con estrellas relucientes que nos daban noches serenas y días soleados.
De sobra conocemos todos cual es la demanda principal de la CNTE y también de sobra conocemos la postura que han asumido las autoridades a través de la secretaría de educación pública.
Por su parte, los señores diputados y senadores que fueron los que legislaron este cambio convertido hoy en “manzana de la discordia”, permanecen como espectadores y “agazapados” esperando que otros resuelvan lo que ellos hicieron. Nadie se ofrece para mediar en el conflicto, y es lamentable porque aunque sea por una sola vez en su vida deberían justificar que se deben al pueblo que los eligió y deberían desquitar “la dieta” que reciben y que por cierto, no es precisamente de un salario mínimo.
Pero lo más lamentable es que ni los líderes magisteriales ni las autoridades, quieren reflexionar en que el conocimiento de la historia sirve para que no se repitan los mismos errores.
Y hoy, lo más parecido que tenemos como ejemplo de nuestra historia reciente es la revuelta del 68 y para no entrar en más detalles, solo basta recordar que por algo “el 2 de octubre no se olvida”.
Pero aquellas manifestaciones eran más difíciles de apaciguar porque la demanda de los estudiantes era cambiar el régimen de gobierno de nuestro país, de democrático a comunista.
Hoy no se trata de modificar las condiciones de nuestra carta magna, sino de revisar una parte mínima de la ley educativa. Pero nadie parece tener la capacidad de ceder.
Por eso hoy, hay voces a favor y en contra, mientras la ciudadanía, amante de la paz y del trabajo, con insistencia se pregunta: ¿quién tiene la razón? ¿Los maestros o las autoridades? Y la respuesta inmediata, desde nuestro punto de vista es muy simple: “ninguna de las partes tiene la razón, porque están peleando con la sinrazón…”
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