El operativo que por cuenta propia realizaron indígenas tzotziles y tzeltales para exigir el desbloqueo de la carretera de cuota Tuxtla-San Cristóbal, a la altura del kilómetro 46, es una muestra del hartazgo de la población afectada por las constantes interrupciones de las principales vías de comunicación que lleva a cabo el magisterio disidente.
Con pancarta en mano que decía: “maestros déjennos trabajar”, un grupo de habitantes de San Juan Chamula se presentó este miércoles al mediodía al lugar del bloqueo que mantenía desde hace varios días la asamblea popular de los altos de Chiapas en apoyo a las movilizaciones de los docentes.
Al conocerse la noticia, según un comunicado oficial, las autoridades temieron que se registrara un enfrentamiento de consecuencias funestas entre ambos grupos, por lo que determinaron enviar a 200 elementos de los tres niveles de gobierno para garantizar que las cosas transcurrieran con tranquilidad.
Los habitantes de Chamula, declararon que tomaron esa decisión, porque desde que inició la interrupción del tramo citado, no han podido comercializar sus cosechas de flores con el centro del estado en donde se encuentran sus principales clientes, lo mismo que las artesanías y otros productos cuyas ventas constituyen su único ingreso para el sustento diario de sus familias.
Por su parte, la CNTE, de inmediato emitió un boletín de prensa donde reprobó los hechos y acusó al gobierno de represor y de haber utilizado a los indígenas para llevar a cabo el desalojo.
Lo cierto es que, haya sido como haya sido… y como se ha dicho hasta la saciedad, los maestros tienen derecho a continuar con su lucha social, pero sin perjudicar a terceros, porque precisamente esta situación injusta e inexplicable, ya está propiciando que la sociedad, como en esta ocasión, empiece a tomar decisiones desesperadas.