Inicio CulturaLa jícara gigante de pozol: el recuerdo que hizo vibrar a San Roque

La jícara gigante de pozol: el recuerdo que hizo vibrar a San Roque

por Notinúcleo
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Entre recuerdos, orgullo y nostalgia, antiguos integrantes del patronato del barrio de San Roque recuerdan uno de los eventos más emblemáticos que marcó la historia de las festividades tradicionales en Tuxtla Gutiérrez: la elaboración de la jícara de pozol más grande de Chiapas.

Doña Patricia Ovilla Flores y el licenciado Óscar Morales, quienes formaron parte del patronato entre 2007 y 2012, recuerdan con emoción aquel momento en que el barrio entero se unió para realizar un evento que buscaba proyectar a San Roque y atraer visitantes a esta tradicional zona de la capital chiapaneca.

La idea surgió entre los miembros de la iglesia del barrio, quienes buscaban organizar una celebración espectacular que reuniera a familias, vecinos y visitantes. Así nació la propuesta de construir la jícara de pozol más grande que se hubiera visto en la región.

Para lograrlo, el ingeniero Abel elaboró los planos de la enorme jícara, mientras que la maestra Marisol, junto con otros colaboradores, participó en su construcción. El recipiente fue fabricado con lámina y requirió del esfuerzo de más de veinte jóvenes para poder cargarlo durante el evento.

El resultado fue una verdadera fiesta popular. Vecinos, empresarios y ciudadanos donaron agua, azúcar y otros insumos para preparar el tradicional pozol. La respuesta fue impresionante: más de cinco mil litros de esta bebida ancestral fueron elaborados, utilizando más de cien garrafones de agua.

El parque del barrio se llenó de música, alegría y emoción. Autoridades también estuvieron presentes para apoyar en la organización y el orden del evento, mientras cientos de familias se reunían para celebrar una tradición que se convirtió en símbolo del orgullo sanroqueño.

Durante años, las festividades del barrio de San Roque se caracterizaron por su gran convocatoria. Artistas invitados, eventos culturales y celebraciones públicas lograban reunir a personas de distintos puntos de la ciudad, manteniendo vivo el espíritu comunitario.

Con el paso del tiempo y tras la salida del patronato organizador, alrededor de 2016, muchas de estas actividades dejaron de realizarse con la misma intensidad, y la famosa jícara dejó de formar parte central de la fiesta, llegando incluso a trasladarse a otros lugares como Copoya o Chiapa de Corzo.

Sin embargo, el recuerdo permanece vivo. En 2007, aquel evento logró posicionarse como una de las celebraciones más representativas del barrio y dejó una huella imborrable en la memoria colectiva de Tuxtla.

Hoy, casi dos décadas después, ha surgido la intención de revivir esta tradición y replicar la hazaña en Copoya. Incluso, comentan que existe interés de autoridades estatales, entre ellas el gobernador Eduardo Ramírez, para rescatar y dar una nueva oportunidad a esta tradición que alguna vez llenó de orgullo al barrio.

Por ahora, las conversaciones continúan. Pero para quienes vivieron aquella fiesta, el recuerdo sigue intacto: el aroma del pozol, la jícara monumental y un barrio entero celebrando juntos una tradición que convirtió a San Roque en el corazón festivo de Tuxtla.

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