Con la reanudación del turismo, Francia ha puesto en marcha iniciativas para evitar la saturación de algunos sitios, como la obligatoriedad de reservar en puntos de la costa, la imposición de cuotas diarias de visitantes o incluso la “antipublicidad”.
La acción más mediatizada fue la limitación por primera vez este verano de la frecuentación de las Calanques de Marsella en el Mediterráneo, un lugar de biodiversidad marina privilegiada, por medio de reservas obligatorias.
Con un turismo que recobra poco a poco sus niveles de 2019, varios sitios enfrentan un aflujo incontrolable de visitantes y aplican técnicas que se pensaba hasta ahora reservadas a ciudades como Venecia o Barcelona.
El éxito, a veces efímero, de algunos lugares fue propulsado por guías turísticas, películas populares e influenciadores digitales.
Para enfrentar el “turismo exagerado” hay “dos soluciones”, dice el antropólogo Jean-Didier Urbain: “la prohibición o la regulación”.
La prohibición pura y simple de un sitio como lo fue Maya Bay en Tailandia, víctima del éxito de la película “La playa”, con Leonardo DiCaprio, no figura aún en la agenda en Francia.
La reglamentación puede adoptar diferentes formas, empezando por las reservas obligatorias.