Julio César Jasso Ramírez, asesino de una ciudadana canadiense en la Pirámide de la Luna en Teotihuacan, presentaba un perfil compatible con la llamada “tríada oscura” de la personalidad —psicopatía, maquiavelismo y sadismo—, posiblemente ampliada a una “tétrada”, explicó el doctor en neurociencias Eduardo Calixto González.
Esta psicopatía, explicó el especialista, es una “situación de sentirse el centro de las condiciones, un histrionismo muy grande, junto con una condición necesaria de hacer lo que él quería; entonces entendemos que no solamente era un trastorno, sino eran varios y que hoy se conoce como tríada o tétrada oscura de la personalidad”.
En entrevista con Pascal Beltrán del Río para Imagen Radio, el también jefe del Departamento de Neurobiología en el Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz detalló que este tipo de individuos pueden experimentar placer en conductas que dañan a otros, además de justificar sus acciones bajo una lógica propia.
Este no es un proceso que se inició ayer… desde los siete a los catorce años cambió el cerebro”, afirmó. En ese periodo, considerado crítico para el desarrollo neurológico, la exposición a la violencia y la agresión puede influir en la forma en que se estructuran las emociones, la memoria y la toma de decisiones.
Sobre la capacidad del atacante para controlar sus actos, Calixto González precisó que, en etapas iniciales, existe conciencia y planeación. Sin embargo, conforme avanza el evento violento, el individuo puede perder el control.