Hace 50 años el estado de Chiapas contaba con 3 millones de hectáreas de bosques y selvas. Actualmente solo le queda un millón 400 mil,
Lo anterior son cifras que tiene en sus archivos la secretaría del medio ambiente y recursos naturales, la SEMARNAT.
El delegado federal de la dependencia, Amado Ríos Valdez, ha revelado recientemente a los medios de comunicación que los municipios más afectados por la tala ilegal son: Cintalapa, Jiquipilas, Jitotol, Pueblo Nuevo, Altamirano, Las Margaritas, Teopisca y los de la región costa.
El funcionario acusa al crimen organizado, aunque también hay delincuentes comunes que están acabando con los árboles de caoba, encino y pino, entre otros, que son utilizados principalmente para hacer muebles y como carbón vegetal.
El saqueo clandestino de esos recursos es constante y difícil de erradicar, porque para nadie es un secreto de que hay complicidad entre quienes poseen las tierras y los “coyotes” que comercializan la madera. Además de que en ese “engranaje clandestino” y a veces descarado porque operan a plena luz del día, participan directa o indirectamente servidores públicos que tienen la obligación de evitar esas prácticas, pero que les resulta más redituable involucrarse a cambio de unos cuantos pesos; de lo contrario, no tendríamos este panorama desolador, en donde antes abundaban la flora y la fauna.
Lo lamentable es que autoridades y políticos ávidos de popularidad no se cansan de hablar de desarrollos sustentables de reforestación pero que en la realidad hacen muy poco, casi nada; de lo contrario no estaríamos hablando de la pérdida de nuestra riqueza natural, una pérdida que más temprano que tarde, estaremos pagando las consecuencias, ¡porque se está atentando contra nuestra propia vida!