La agricultura va de mal en peor.
Por un lado los recortes de presupuesto y por el otro la corrupción galopante de los funcionarios que manejan como “feudo” personal las dependencias que tienen que ver con el campo.
A lo anterior hay que agregar, que la famosa canícula que ha sido de sequedad y calor en los últimos años no favorece en nada las actividades del campo. ¿Pero que es la canícula? es un período de 40 días que inicia en la segunda quincena de julio y concluye en el mes de agosto y que si anteriormente era de lluvias abundantes y ahora ya no lo es, obedece seguramente al cambio climático y a otros fenómenos que no son fáciles de entender, pero que estamos seguros provienen de la inconsciencia humana que, a todos los niveles, atenta contra la naturaleza.
Pero volviendo a la agricultura, y en particular a la producción de maíz, se ha vuelto incosteable.
Cultivar una hectárea del grano básico en mención, cuesta en preparación de la tierra, insumos y mano de obra entre 7 y 8 mil pesos, mientras que la tonelada para su comercialización, el año pasado se cotizó en 3 mil 800 pesos. Pero incluso, hay que aclarar que éste no fue un precio de garantía, sino que estuvo sujeto a la oferta y la demanda.
De manera que, los campesinos que se dedican a esta a esta actividad, después de esperar largos meses para levantar sus cosechas, al final, “salen poniendo como las gallinas”.
Si los incentivos para el campo no se quedaran en las manos de unos cuantos vivales metidos a políticos o funcionarios públicos y las lluvias fueran abundantes como antaño, a los productores de maíz, “otro gallo les cantara”.