Infarto cardiaco: la enfermedad que cobró más vidas que el COVID-19 y que está afectando a más jóvenes

Antes era común ver infartos en personas de 50 a 70 años, pero en la última década el rango ha cambiado y ahora es más frecuente en jóvenes de 30 y 40. ¡Es fundamental hacer consciencia y cuidarte por tu salud y tus finanzas!

FORBES .- A pesar de la gran mortalidad por COVID-19, la enfermedad cardiaca isquémica continúa siendo la causa más común de muerte en México y en el mundo, de hecho, el INEGI reportó 218,885 muertes por infarto, aún durante la pandemia. Lo más alarmante es que hubo un aumento de casos, ya que en 2019 se reportaron 200 muertes anuales y esa cifra subió a 600 en 2020.

Para conocer más sobre esta enfermedad en +Dinero de Forbes México entrevistamos a la Dra. Alejandra González Gutiérrez, cardiología clínica egresada del Hospital de Cardiología del Centro Médico Nacional Siglo XXI y miembro de la Sociedad Mexicana de Cardiología y la Sociedad Interamericana de Cardiología. La especialista nos compartió lo que debemos saber sobre el infarto cardiaco, cuál es el costo de su tratamiento y seguimiento, así como los cambios que necesitamos adoptar para evitarlo.

Empecemos por lo primero. ¿Qué es un infarto y cuáles son las principales causas?

“Un infarto se produce cuando existe un bloqueo en las arterias que suministran sangre al corazón y la interrupción de este flujo daña al musculo cardiaco. Los principales factores de riesgo cardiovascular que encontramos son la diabetes, el tabaquismo, niveles altos de colesterol y triglicéridos, hipertensión arterial, obesidad, sedentarismo, consumo de drogas (principalmente cocaína y anfetaminas), ciertas enfermedades autoinmunitarias e incluso el estrés”, detalla la Dra. Alejandra González Gutiérrez.

¿Solo le puede pasar a personas de edad avanzada?

De acuerdo con la especialista, si bien la enfermedad es más prevalente en personas mayores, esta puede ocurrir a cualquier edad, incluso en la infancia. Los hombres mayores de 45 años y las mujeres mayores de 55 tienen un riesgo más elevado. “En nuestro país era común verlo entre los 50 y 70 años, sin embargo, en los últimos 5 o 10 años ese rango ha cambiado, de modo que en la actualidad es mucho más frecuente ver infartos en paciente de 30 a 40 años de edad”, señaló.

¿Cómo detectar un infarto y cuál es el costo de la atención?

En un cuadro clínico de infarto lo típico es experimentar dolor en el pecho, sensación de opresión, falta de aire y sudoración. La persona debe ser trasladada a un lugar que cuente con una sala de hemodinamia, hay que practicarle un cateterismo cardiaco y pasarlo a terapia intensiva. Todo lo anterior, dependiendo de la cantidad de días de estancia y de las complicaciones asociadas, podría llegar a tener un costo inicial de $250 a $800 mil pesos, incluso más dependiendo de la ciudad en la que viva el paciente.

En el IMSS esto no tiene costo para los derechohabientes; por su parte, la seguridad que ofrece la Secretaría de Salud no cubre enfermedades coronarias de modo que solo se cubre la estancia en el hospital, pero los cateterismos se cobran por separado. Al final, el pago que debe hacer la persona varía entre $30 y $200 mil pesos dependiendo del estudio socioeconómico que se realiza.

Una vez que se ha estabilizado al paciente, ¿qué seguimiento se le da y cuál es el costo?

Como señala la especialista en cardiología, al final todo paciente infartado deberá tener un seguimiento de por vida, el plan es individual y dependerá de su capacidad cardiaca residual y de las complicaciones asociadas al infarto. No obstante, de inicio debe de modificar todos los factores de riesgo asociados y cuidar las enfermedades crónicas.

“Una vez que sufriste el infarto, las posibilidades de que vuelvas a tener otro son del 50% y mucho va a depender del cambio de estilo de vida, de los cuidados posteriores al evento y del grado que hayas tenido de enfermedad coronaria, no es lo mismo tener un vaso enfermo que los tres. La calidad de vida del paciente se ve sumamente mermada debido al cambio de estilo de vida drástico y las limitaciones de vida asociadas al evento.  De hecho, se reporta que hasta 80% de los pacientes presentan depresión posterior al infarto. Una gran cantidad de ellos no logran reintegrarse a su vida laboral y social. La buena noticia es que hoy los cuidados y una buena rehabilitación modifican el pronóstico de manera muy positiva y se puede reducir hasta 30% la mortalidad por causas cardiacas”, advirtió la especialista.

Respecto a los cuidados y costos de seguimiento, indicó que solo los hospitales de tercer nivel en la CDMX cuentan con el programa de rehabilitación cardiaca, el cual debe ser supervisado por un cardiólogo con especialidad en rehabilitación cardiaca. El costo aproximado de un programa de 12 sesiones es de $40 o $50 mil pesos. Obviamente eso dependerá del tipo de programa y el tiempo que el rehabilitador considere realizarlo. Un paciente que recurre al sector privado por este tratamiento estándar puede pagar entre $70 y $100 mil pesos. Una vez más, las complicaciones o requerimientos extras para a rehabilitación pueden incrementar el costo incluso a más de un millón de pesos.

¿Qué acciones preventivas existen para esta patología por la cual fallecen cada vez más jóvenes?

“La única clave para quienes tenemos un ritmo alto de trabajo es comprender que, si no cuidamos los factores de riesgo asociados, las posibilidades de sufrir un infarto y morir por ello aumentan. Por lo tanto, es vital adoptar estrategias para un mejor autocuidado, en realidad no hay otra opción más que el cuidado personal y la prevención”, destacó la médica miembro de la Sociedad Mexicana de Cardiología y la Sociedad Interamericana de Cardiología.

Lo ideal es realizar actividad física al menos 30 minutos al día, tener una adecuada alimentación, no consumir drogas o tabaco. Eso tendría un verdadero impacto en la reducción de la mortalidad asociada con la cardiopatia isquémica y, sin duda, también se evitaría un efecto adverso en tus finanzas personales y las de tu familia. 

*Brenda Sandoval es médica cirujana egresada de la Universidad Nacional Autónoma de México especializada en creación de contenido y traducción médica.