La movilidad en silla de ruedas por la capital no es fácil. En ocasiones, pasear por el primer cuadro de Tuxtla, encontrar una ruta sin barreras arquitectónicas, visitar un parque o acceder a un edificio público supone una “odisea” para las personas con discapacidad física.
Dentro de las barreras arquitectónicas urbanas está la ausencia de rampas o elevadores para acceder a edificios o al transporte público, pero también otras que pueden pasar desapercibidas como bordes, banquetas estrechas o pavimentos irregulares.
De acuerdo con datos del Inventario de Viviendas 2020, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, en México solo el 6.5% de las calles de nuestro país cuentan con rampas para sillas de ruedas, 14.2% tiene solo algunas vialidades y 77.8% no tienen en ninguna calle rampas para sillas de ruedas.
Karen Koch, activista por los derechos de las personas con discapacidad expresa que en la capital hay deficiencias de accesibilidad, pese a que hay leyes que exigen a dependencias o empresas constructoras proveer los recursos necesarios para una fácil movilidad.
“La arquitectura accesible para personas en silla de ruedas es para hacernos independientes, es decir, que nos podamos mover solos o solas, pero, al contrario, la mala planeación de la construcción de rampas o banquetas hace que sea dependiente de alguien” asegura Karen.
Además, Karen Koch dice que es necesario garantizar que se cumplan las normativas sobre accesibilidad en sus ciudades, tanto para facilitar la inclusión como para fomentar el turismo accesible.
Informa: Reynaldo Esquinca