Tuxtla Gutiérrez se viste de colores y tradición. La celebración a San Marcos Evangelista no es solo una feria, es el corazón de la identidad zoque que late con fuerza en la capital chiapaneca. Entre el aroma a copal y el sonido del tambor, los fieles mantienen viva una herencia que trasciende siglos.
MARTA JONAPÁ
“Es nuestro patrono aquí de Tuxtla uno de los santos más celebrados aquí de Tuxtla para nosotros los chiapanecos es algo bien importante”.*
La devoción se manifiesta en el arte de la paciencia y las manos. Una de las tradiciones más emblemáticas es la elaboración de los ramilletes o “Joyonaqués”, ofrendas tejidas que simbolizan la conexión entre el pueblo y lo divino. Para los artesanos, como Domingo Vázquez, este oficio es un relevo generacional que comenzó hace décadas.

DOMINGO VÁZQUEZ
“Esto significa de lo que nos dejó nuestros abuelos de los abuelos de nuestros abuelos y es una tradición que no debe perderse como la Juventud tenemos que invitar… yo tenía 37 años cuando empecé a elaborar con el maestro Bartolo Gómez”.
Pero San Marcos no pertenece solo a los tuxtlecos; es un punto de encuentro para el Valle Central. Héctor Antonio Gómez, del Patronato de la Feria, destaca la hermandad entre municipios vecinos que acuden a rendir tributo bajo el mismo arco de flores.
HÉCTOR ANTONIO GÓMEZ
“Este año participan los municipios de San Fernando, Coita, Copoya y Chiapa de Corzo, la actividad es todo el día los ramilletes se colocan en el arco para posteriormente llevar las ofrendas a San Marcos”.
Entre la fe y la cultura, Tuxtla Gutiérrez reafirma sus raíces.
Para NOTINUCLEO Daniela Grajales