Este jueves, se dio a conocer la primera detención en el estado por cohabitación forzada, que sienta un precedente en este tipo de casos donde una persona obliga a otra a vivir juntos, para el movimiento feminista y organizaciones de la sociedad civil, es un avance que por primera vez se detenga a personas que están violentando el derecho de las jóvenes a decidir sobre su cuerpo y su vida, señaló María Teresa Olvera Caballero, integrante de la Agenda Feminista Chiapas.
“Nosotras durante muchos años hemos trabajado porque se reconociera el matrimonio forzado, que implica cualquier forma de coacción, presión, manipulación para que una persona ya sea hombre o mujer, porque también se da en el caso de hombres, pero en menor medida, para que vayan a vivir con una persona, no necesariamente puede ser mayor, también puede ser de su edad o no tan grande, pero en contra de su voluntad”
Y es que antes, se pensaba que estas prácticas eran parte de los usos, costumbres y tradiciones, pero la activista invitó a reconocer que nada está por encima del derecho de las niñas, las jóvenes y las mujeres a tomar decisiones sobre su propia vida.
“El que se haya detenido, se juzgue y se penalice a esta persona que cometió este delito, hay que hacer una gran difusión de esta situación y que poco a poco vaya permeando en el imaginario colectivo de los pueblos, comunidades, incluso en poblaciones urbanas de que no se puede actuar por encima del derecho de las mujeres y como decía antes, de las niñas, adolescentes, jóvenes, yo quisiera resaltar también que para mí es muy importante el hecho de que la propia madre de la chica, esposa del delincuente haya denunciado, porque esto nos hace ver que las mujeres estamos tomando conciencia de nuestros derechos”.
El hoy detenido, Andrés N, ofreció a su hija por 25 mil pesos en el municipio de Larráinzar, obligándola a vivir en cohabitación forzada con una persona adulta del sexo masculino, quien también responderá ante la ley de acuerdo con las autoridades, y podría enfrentar hasta 30 años en prisión.
Notinúcleo / Alejandra Orozco Ardines