En México se tienen registradas más de 400 especies de hongos silvestres comestibles, de las cuales aproximadamente el 50 por ciento están presentes en Chiapas. Una de ellas es el moní, que se da en la región central del estado en temporada de lluvias y es un componente esencial de la gastronomía zoque, aunque una de estas especies se encuentra en riesgo, explicó Ezequiel Cruz Campuzano, miembro del colectivo Fungaria.
“Estos hongos crecen en los meses de junio y tal vez hasta mediados de julio, también hay otras especies, igual moní, que crecen después de la canícula, que sería ya hasta finales de agosto, septiembre. Una de las especies de moní, porque no solo es una, son varias, una de las especies de moní está en peligro de extinción porque solamente está en Chiapas y solamente se conoce del Jobo y Copoya y ya, párale de contar”.
Además de su importancia alimentaria, los hongos cumplen funciones esenciales en los ecosistemas al descomponer materia orgánica, reciclar nutrientes y establecer relaciones con árboles y otras especies, su presencia es un indicador de la salud de los bosques, y su ausencia también, pero no se están acabando por el consumo, sino por la extinción de su hábitat.
“Es una especie muy endémica de esta región que se consume mucho, pero ese peligro de extinción no está ligado a la recolecta, uno pensaría que porque se junta muchísimo, por eso se está acabando, pero no, ese hongo se está acabando porque nos estamos acabando su hábitat que son los bosques de nangaño, siempre y cuando hayan esos bosques, no importa si recolectamos mucho, va a haber el hongo, pero si talamos esos bosques, se acaba el hongo y eso es lo que está pasando, estamos talando todos sus bosques”.
Y es que uno de los retos para la conservación de estos ecosistemas es el crecimiento de la mancha urbana, ante el aumento de la población y la necesidad de nuevos espacios de vivienda, es necesario impulsar zonas de amortiguamiento y nuevas formas de convivencia con los espacios verdes, que permitan armonizar el desarrollo urbano con la conservación de los bosques.
Notinúcleo/ Alejandra Orozco Ardines