Un estudio reciente advierte que el aumento de dióxido de carbono (CO₂) en la atmósfera podría tener efectos que van más allá del cambio climático y alcanzar directamente la salud humana. De acuerdo con la investigación citada por La Jornada, el CO₂ inhalado puede disolverse en la sangre y alterar su equilibrio químico, afectando la capacidad de la hemoglobina para transportar oxígeno.
Cuando el CO₂ entra en contacto con la sangre, contribuye a la formación de ácido carbónico, lo que modifica el pH. Los riñones intentan compensar este cambio reteniendo bicarbonato, pero este mecanismo tiene límites. El organismo puede recurrir entonces al calcio y al fósforo de los huesos para ayudar a restablecer el equilibrio, y el exceso de estos minerales en la sangre puede favorecer procesos de calcificación en arterias y riñones.
La investigación analizó cerca de 77 mil personas entre 1999 y 2020 y encontró cambios importantes: el bicarbonato en sangre aumentó 7%, mientras que el calcio disminuyó 2% y el fósforo 7%. Los investigadores estiman que, si la tendencia continúa, en las próximas décadas estos valores podrían acercarse a los límites de los rangos considerados saludables, lo que plantea posibles riesgos para la salud a largo plazo.
El hallazgo plantea la necesidad de considerar el CO₂ también como un problema de salud pública y no únicamente ambiental. Aunque la reducción de emisiones depende principalmente de políticas e industrias, la nota señala que las personas también pueden contribuir mediante cambios cotidianos, como reducir el uso innecesario del automóvil, caminar o utilizar la bicicleta cuando sea posible. La suma de estas acciones puede ayudar a disminuir la contaminación y proteger la salud de las generaciones futuras.