Los cubanos salieron a las calles el jueves por la noche para golpear cacerolas y protestar en varios barrios de la capital, La Habana, mientras el país entraba en su tercer día de apagones tras el paso del huracán Ian.
El huracán, que se desplaza hacia el norte a lo largo de la costa sureste de Estados Unidos, provocó el colapso de la red eléctrica cubana previamente esta semana, dejó sin energía a la isla de 11 millones de habitantes y arrasó casas y campos agrícolas.
Para algunos cubanos, que ya sufren la escasez de alimentos, combustible y medicinas, el prolongado apagón fue la gota que colmó el vaso.
Las protestas en las calles de la Cuba comunista son muy poco frecuentes. El pasado 11 de julio, concentraciones antigubernamentales, las mayores desde la revolución del exlíder cubano Fidel Castro en 1959, sacudieron a la isla.
La policía detuvo a más de mil personas, según estimaciones de grupos de derechos humanos, y cientos de manifestantes siguen en la cárcel, según cifras oficiales.
El gobierno cubano afirma que las personas que encarceló fueron juzgadas justamente y declaradas culpables de vandalismo, agresión y, en algunos casos, sedición. Sin embargo, los grupos de derechos humanos afirman que fueron sometidos a juicios falsos y encarcelados injustamente por ejercer su derecho a la libertad de expresión y de protesta.
Un periodista de Reuters confirmó la existencia de cacerolazos y pequeños grupos que protestaban pacíficamente en la calle en otras zonas de la ciudad.