En las regiones rurales de Chiapas, los efectos de la deforestación y la migración forzada van más allá del cambio en el paisaje: también impactan la salud del ganado, el sustento de las familias y la vida comunitaria.
Uno de los problemas que se ha intensificado es la aparición del gusano barrenador, una plaga que afecta al ganado y pone en riesgo la economía local.
WILLIAMS ESPONDA – INVESTIGADOR
“Evidentemente es una enfermedad emergente porque desde la época antes de la llegada de los españoles ya estaba presente, sin embargo al adquirir un hospedero para su reproducción y a la llegada de los ovinos con los españoles pues encontró las condiciones perfectas para reproducirse. A diferencia de otras moscas que se alimentan de tejido necrótico, la mosca del gusano barrenador se alimenta del tejido vivo”.
En comunidades donde el ganado representa el principal ingreso, la infestación por este parásito provoca pérdidas graves. Una sola herida puede significar la muerte de un animal si no se atiende a tiempo. Para muchas familias, esto significa menos alimento, menos ingreso, y más incertidumbre.
Además, los cambios en el uso del suelo y la presión migratoria están alterando el equilibrio natural, abriendo nuevas rutas de expansión para esta plaga.
“Evidentemente la avanzada en la deforestación por la migración de tierras que antes estaban destinadas, pero pertenecían a un ambiente ecológico…”
Los movimientos de población, el abandono de tierras agrícolas y la expansión de la frontera ganadera están generando un entorno ideal para que enfermedades como la del gusano barrenador se extiendan con rapidez.
Este no es solo un problema veterinario. Es un tema social, económico y ambiental. Las familias campesinas enfrentan una triple carga: proteger su ganado, sobrevivir a la presión ambiental y adaptarse a un territorio que cambia constantemente.
Abordar el problema del gusano barrenador en Chiapas exige más que medicamentos: requiere políticas públicas con enfoque social, atención al campo y una estrategia ambiental que incluya a las comunidades. Porque detrás de cada cabeza de ganado afectada, hay una historia, una familia y un futuro en riesgo.
Para notinucleo Daniela Grajales