El comienzo de un nuevo año lleva a muchas personas a hacer un balance de sus finanzas y a trazar metas que las acerquen a la libertad financiera: esa tranquilidad de tomar decisiones sin la constante presión del estrés económico, planificar el futuro con serenidad, cubrir las necesidades básicas del hogar y destinar recursos al bienestar y al desarrollo familiar.
En este escenario, el ahorro formal a través de instituciones reguladas se convierte en una herramienta fundamental. Entre las alternativas disponibles destacan los seguros de vida con componente de ahorro o inversión, productos que van más allá de la protección en caso de fallecimiento del titular y que permiten construir un ahorro disciplinado con garantías a largo plazo, facilitando el logro de objetivos concretos.
La Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2024 revela que solo el 13.9 por ciento de la población mexicana de entre 18 y 70 años cuenta con un seguro de vida. Esta cifra contrasta con el avance que ha registrado el sector en la última década.
De acuerdo con la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS), durante 2024 las aseguradoras pagaron en promedio 552 millones de pesos diarios por concepto de pólizas de vida, lo que sumó más de 201 mil millones de pesos en el año.
Actualmente, más de 12 millones de mexicanos son usuarios de seguros de vida individual, un crecimiento impulsado por la variedad de modalidades que combinan protección con ahorro orientado al retiro, la educación u otros propósitos importantes.
GNP Seguros informó que, al corte del tercer trimestre de 2025, el 90.5 por ciento de las pólizas de su cartera de vida colocadas mediante Agentes GNP incluyen un componente de ahorro. De estas, el 26 por ciento se destinan al ahorro para el retiro y el 15.8 por ciento a la educación, dos de los objetivos financieros más frecuentes entre las familias mexicanas.