La seguridad alimentaria de México enfrenta riesgos crecientes debido a la dependencia de las importaciones de granos básicos, la disminución de la producción nacional y los problemas estructurales que afectan al campo. Especialistas advierten que el país produce menos de la mitad de los alimentos estratégicos que consume, lo que incrementa la vulnerabilidad ante crisis internacionales, fenómenos climáticos y variaciones en los precios de los mercados globales.
Entre los principales desafíos se encuentran el aumento de los costos de producción, la falta de financiamiento para los agricultores, la inseguridad en las zonas rurales y los efectos del cambio climático. Productores y organizaciones del sector han señalado que, sin políticas integrales que impulsen la productividad y fortalezcan la competitividad del campo mexicano, la autosuficiencia alimentaria continuará alejándose y la dependencia externa seguirá creciendo.
Además, diversos problemas administrativos y de gestión en organismos creados para fortalecer el abasto alimentario han generado cuestionamientos sobre la eficacia de las estrategias gubernamentales. Expertos coinciden en que garantizar la seguridad alimentaria debe considerarse un asunto de interés nacional, ya que está directamente relacionado con el bienestar de la población y la capacidad del país para enfrentar futuras crisis económicas y sociales.